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La violación de las Sabinas

enero 18, 2010

Cuenta la leyenda que los primeros romanos raptaron a mujeres de familias vecinas para poder establecer una nueva población, y así lo relataron Tito Livio y Plutarco y lo dibujaron en sus lienzos Rubens y Poussin, ambos del Renacimiento. También Picasso recreó en 1962 “La violación de las Sabinas” cuadro que actualmente se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Boston.
Según la leyenda romana Rómulo y Remo fundarían una ciudad, pero una pelea entre hermanos por el lugar exacto en el que debían establecerla terminó con la vida de Remo en manos de Rómulo que arrepentido le puso su nombre a la ciudad de Roma. En Roma habitaban hombres fuertes y valientes, pero en cambio si había mujeres eran pocas para garantizar la continuidad de las generaciones.
Rómulo solicitó a los pueblos vecinos los derechos a contraer matrimonio, pero no estaban dispuestos a compartir sus mujeres. Ocultando su consternación envió a sus mensajeros para que invitaran a sus vecinos a una celebración en honor a Neptuno en la que se iban a realizan unos grandes juegos ecuestres. Entusiasmados ante la perspectiva de una fiesta de este tipo y la curiosidad de echar un vistazo a la nueva ciudad, los pueblos de los alrededores acudieron a Roma. Los habitantes de la Sabinia que acudieron a la celebración acompañados con sus esposas y sus hijos, fueron los más numerosos.
A todos ellos les fascinó la grandeza de Roma, por eso cuando comenzaron los juegos y todos estaban distraídos, se dio la señal y los hombres romanos corrieron tras las muchachas, la mayoría mujeres de la Sabinia, se las llevaban en todas direcciones hacia sus hogares. Sorprendidos los visitantes huyeron, dejando a sus mujeres a merced de los romanos.
Tras la captura de las sabinas Rómulo trató de ganarse el afecto del pueblo vecino aliviando su consternación, prometiéndoles la honorabilidad del matrimonio, y asegurándoles que compartirían sus bienes y les ofrecerían derechos civiles para que se convirtieran en madres de hombres libres. Aseguró a las mujeres que en los maridos romanos encontrarían más afecto que en otros hombres de otros lugares.
Hubo una guerra, en un bando los maridos de las Sabinas y en el otro sus padres, y ante esta perspectiva ellas no estaban dispuestas a permitir la permanencia de la guerra, pronto intervinieron: “No importa quien sea el vencedor, quedaremos viudas o huérfanas”. La batalla se detuvo los pueblos convivieron en paz.
Para que los romanos no olvidaran de dónde procedían sus madres se inició una tradición, los maridos llevarán a sus novias al umbral de su nuevo hogar del mismo modo que los primeros romanos habían llevado a las primeras Sabinas. Esta tradición ha sobrevivido durante más de 2700 años y todavía se conserva en muchos lugares del mundo, en algunas culturas latinas aun se mantiene la tradición de traspasar el umbral de la nueva casa con la esposa en brazos, cuando una pareja acaba de casarse.
**Violación en la antigüedad romana que se refiere al acto de secuestro y violación no sexual, sin embargo, era un delito capital. La Violación de las sabinas sólo fue glorificado por los romanos, porque era un acto necesario para la supervivencia y no el placer personal.

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La papisa Juana

septiembre 28, 2008

Existe un mito del que algunos historiadores afirman que no es más que eso, un mito. Para otros la papisa Juana existió y solamente se ha escondido la historia por voluntad de la iglesia. Dado que tanto puede ser cierto lo uno como lo otro, aunque tengo mis inclinaciones, voy a hablar sobre ella.

En el siglo IX, en plena época medieval, en el año 822 nace una mujer enigmática a la que su padre, un monje anglosajón (en aquella época no era tan extraño) bautizó con el nombre de Juana. A su lado tuvo la oportunidad de aprender, era un notable estudioso, en una época en la que el conocimiento estaba vedado a las mujeres.  Decide continuar sus estudios y se marcha a Atenas donde inicia estudios religiosos ante los que demuestra un gran talento.

Se corta el pelo y se viste de hombre y  como Juan el Inglés, modo del que es conocida, viaja de monasterio en monasterio conociendo a grandes personalidades de la época. Primero viajó a Constantinopla donde se dice que  visitó a Teodora, la emperatriz, y al rabino Istraeli, al que le pidió algunas aclaraciones sobre medicina.

De regreso a Alemania visitó las grandes abadías de la época, donde se reunió con grandes prelados. También aprende de alquimistas y lee textos árabes. Tras vivir grandes aventuras en las que prima el conocimiento se marcha a Roma en el 848 y gracias a su reputación de conocedor del mundo consigue reunirse con el Papa León IV del que se hizo secretario. Tras la muerte del Papa su carisma le conducirá al trono papal durante dos años como Benedicto III.

El resto parece más parte de un relato que realidad. Juana muere de parto en plena procesión y es en ese momento cuando se conoce su condición femenina.

El papado ha negado su existencia durante 700 años y en cualquier caso no se tiene acceso a muchos de los documentos históricos del Vaticano. Las pinturas del Vaticano sobre Benedicto III todas dibujan un rostro con barba. No se ha podido demostrar su existencia. Actualmente representa la carta de la papisa del tarot.