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Emily Dickinson

mayo 28, 2009

Emily_DickinsonPoeta norteamericana nacida en 1830 en Massachusetts, en el seno de una familia que se dedicó a la política y al mundo intelectual. La educaron en un ambiente tan puritanista y estricto que la convirtió en una persona solitaria y nostálgica  en exceso de tal modo que no hacía vida social, rara vez salía de casa y sus amistades fueron escasas; sin embargo, tuvo un especial aprecio por el Reverendo Charles Wadsworth, que tuvo una gran influencia en su poesía. Leía a poetas como Robert y Elizabeth Barrett Browning, y a John Keats.

Murió en 1886 y en 1890 se editó su numerosa colección de poemas.  Pero ella nunca lo supo.

Poema

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.

Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.

La mujer en Carlos Fisas

abril 15, 2009

leightontristranEscribe Carlos Fisas en su libro “Intimidades de la Historia” un estupendo artículo sobre lo que otros autores en la historia hablaron de las mujeres.

Cuenta por ejemplo lo que la feminista francesa  Louise Weiss explicaba en su libro Combats pour les femmes que “Una morena de brillantes ojos entró un día en nuestra oficina, sede de la asociación La Mujer Nueva y se ofreció para ayudarnos. “Espero que mis referencias serán suficientes -dijo-, he matado a mi marido.

O como explicaba Françoise Giroud que la mujer no será verdaderamente igual al hombre hasta el día en que para un cargo importante se designe a una mujer incompetente.

En el siglo XVIII un escritor, Drouet de Maupertuis, decía que las mujeres no aman ni a sus maridos, ni a sus hijos, ni a sus amantes, sino que se aman a sí mismas, y otro autor del mismo siglo afirmaba que la mujer había sido sacada de una costilla de Adán cerca de su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada.

Dice Fisas que se ha hablado mucho de la mujer objeto, pero no es en brazos de los hombres cuando ellas se sienten objeto sino ante los ojos del médico.

De las obras de Honoré de Balzac extrajo los siguientes pensamientos:

“El instinto en las mujeres equivale a la perspicacia de los grandes hombres.”

“Ninguna mujer gusta de oír el elogio de otra mujer; en este caso se reservan la palabra final a fin de avinagrar el elogio.”

“Sentir, amar, sufrir, sacrificarse será siempre el texto de la vida de las mujeres.”

“Los errores de la mujer derivan casi siempre de su fe en el bien o de su confianza en la verdad.”

“La mujer tiene de común con el ángel que los seres que sufren le pertenecen.”

“Un hombre por malicioso que sea no dirá nunca de las mujeres tanto bien ni tanto mal como ellas mismas.”

“La mujer es la reina del mundo y la esclava del deseo.”

“Una mujer virtuosa tiene en el corazón una fibra de menos o de más que las otras mujeres: o es estúpida o es sublime.”

“Quien sabe gobernar una mujer sabe gobernar un estado.”

Otro autor del que habla es del italiano Baretti, del que apunta este texto:

“Muy equivocados en cuestión de mujeres están aquellos hombres que no saben que ellas aprecian más ser alabadas por sus cualidades mentales que por las corpóreas.”

También menciona a Alejandro Dumas. En “Los mohicanos de Paris”  hizo popular una frase que generalmente se pronuncia en francés: “Cherchez la femme” (Buscad a la mujer). En el acto tercero, un policía dice: “En todos los asuntos hay una mujer; en cuanto leo el expediente digo: ¡Buscad a la mujer! Se busca a la mujer y cuando se la ha encontrado no se tarda en encontrar al hombre.”

También habla de esta frase que ha sido atribuida a muchos personajes, pero el original puede encontrarse nada menos que en Juvenal: “No hay causa alguna que una mujer no la mueva.”

Digan lo que digan los hombres es siempre la mujer la que les gobierna.

La compañía habitual de las mujeres es tan peligrosa como el uso inmoderado del vino: mata moralmente.

Hay siempre un rincón de silencio en las más sinceras confesiones de las mujeres.

Después Fisas se fija en lo que históricamente ha atraido físicamente. Él apunta lo que Brantôme consideraba perfecto:

“Para que una mujer sea hermosa y perfecta debe tener treinta bellezas. Tres cosas blancas: la piel, los dientes y las manos; tres negras: los ojos, las cejas y las pestañas; tres rojas: los labios, las mejillas y las uñas; tres largas: el cuerpo, los cabellos y las manos; tres cortas: los dientes, las orejas y los pies; tres anchas: el pecho, la frente y el espacio entre las cejas; tres estrechas: la boca, la cintura y los tobillos; tres gruesas: el brazo, los muslos y las pantorrillas; tres sutiles: los dedos, los cabellos y los labios; y tres pequeñas: los pezones, la nariz y la cabeza”

Según Calderón:

Que entre ingenio y hermosura el que puede elegir, debe, si para dama la hermosa, para mujer la prudente.

Y del mismo Calderón dos citas más:

Venciste mujer venciste con no dejarte vencer.

El que va a decir mujer empiece a decir mudanza.

Chamfort escribe: “Es necesario escoger: amar a las mujeres o conocerlas, no hay término medio.”  “Las mujeres en el cerebro tienen una célula de menos; en cambio tienen una fibra de más en el corazón.” Y para rematar opina que por mal que un hombre pueda pensar de las mujeres no hay mujer que no piense todavía peor. (Chamfort no Fisas)

El Hiragana

enero 20, 2009

sei_shonagonEl hiragana es un tipo de escritura que las mujeres japonesas empezaron a utilizar en Japón hacia el siglo XI, la época previa al feudalismo en la que la aristocracia gozaba de un gran esplendor. Hasta ese momento, los nobles, pero exclusivamente los varones escribían el Kanji que consistía en unos ideogramas chinos que no tenían traducción al japonés, lo podríamos comparar al latín occidental puesto que era la lengua que se utilizaba tanto en los documentos oficiales como la usada por los poetas. Con la irrupción del budismo en el siglo VI la escritura china alcanzó una difusión total.

Pero el japonés es una lengua aglutinante, en una palabra raíz se añaden prefijos y sufijos y el chino carece de este recurso. La escritura de tipo fonético se fue modificando dando lugar a los Kana o alfabetos silábicos exclusivamente japoneses. En este proceso intervinieron activamente las damas de la corte. Los monjes realizaron la estilización y simplifación en cada caso de los ideogramas, su desarrollo y evolución duró varios siglos. Kobo no daishi en (774-834) desarrolló los hiragana, Kibi no mabi (693-775) desarrolló los katakana.

Durante el período Heian los hombres se dedicaban a escribir prosa y poesía en chino, copiando modelos antiguos. Las mujeres, que no necesitaban estudiar chino porque no desempeñaban cargos oficiales y porque además estaba mal visto, hicieron suya el hiragana que era muy útil para describir sentimientos. Hay que decir que algunos hombres empezaron a componer poemas utilizando el hiragana, cuando se dirigían a las mujeres como parte del galanteo.

Dos mujeres poetas destacaron especialmente, hasta el punto que sus escritos están  considerados los mejores de la época.  Sei Shonagon escribió “El libro de almohada” , una serie de apuntes personales guardados en los cajones de la almohada de madera que las mujeres utilizaban para reclinarse.  Murasaki Shikibu,  destacó con la novela “La historia de Genji” que narra la vida de Geji el Resplandeciente.

Si bien en el siglo XI el Hiragana fue  menospreciado por los intelectuales que lo consideraban una escritura menor reservada para las mujeres, poco a poco fue causando impacto entre las clases más nobles en el siglo XIII los varones comenzaron a utilizarla para terminar desplazando los ideogramas.

Tú en el alto del balcón…

septiembre 26, 2008

Josefina de la Torre poeta de la generación del 27

Tú en el alto balcón de tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.

Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.

En pie en el alto barandal marino
tú aguardarías mi llegada en vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día blanco.

Pero el alto balcón de tu silencio
olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
-como un pájaro ciego-, por los años.