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Safo de Lesbos (VI a.C.)

octubre 10, 2008

Poetisa que nació en la isla de Lesbos. perteneciente a la aristocracia, sufrió un tiempo de exilio en Silicia por un enfrentamiento familiar con el tirano Pítaco de Mitilene.

Mujer de gran belleza, tocaba la lira, con la que acompañaba sus composiciones poéticas. Se casó con un rico comerciante y, al quedar viuda y libre de obligaciones, fundó una escuela para mujeres jóvenes, donde daba clases de literatura, música, danza… No está suficientemente probada la hipótesis sobre el amor que sintió Safo por alguna de sus discípulas.

Platón la consideraba “La décima musa”. Escribió miles de composiciones, llegándonos a través del tiempo una pequeñísima parte, apenas se conservan unas 60. Tras su muerte,  se acuñaron monedas con su busto y los atenienses le hicieron una estatua de bronce.

“Quisiera estar muerta, y no miento;
ella me abandonó entre sollozos
y entre otras cosas me dijo:
“ay , qué terrible es lo que nos pasa,
Safo, créeme que te dejo contra mi deseo”.
Y yo le respondí: ve con bien
y acuérdate de mi,
pues sabes cómo te queríamos;
y si tú no, yo en cambio sí
quiero recordarte…
cuántos bellos momentos disfrutamos;
pues muchas coronas de violetas,
de rosas y también de azafranes
…junto a mí ceñiste,
y con muchas guirnaldas de olor
hechas de flores y trenzadas,
rodeaste tu cuello delicado;
y de abundante y cremoso ungüento
de brento y real perfumabas
a placer tu cabello;
y sobre blandos lechos
junto a suaves…
disipabas el deseo…”

Las hetairas

septiembre 15, 2008

Hetera o Hetaira en griego significa la compañera de los hombres. En el siglo IV a. de C. las hetairas eran las cortesanas de la antigua Grecia, dedicaban su vida a satisfacer el sexo de los hombres, eran las prostitutas situadas dentro de la clase social alta. Se diferenciaban del resto de cortesanas, fueran libres o esclavas.

La mayoría poseía una gran belleza física, pero además tenía una formación intelectual y artística notable, se formaban en oratoria y filosofía y mostraban unos modales refinados de los que no gozaban todas las mujeres griegas.

Son mujeres elegantes, sonríen de forma encantadora, jamás ríen estrepitosamente y tratan a los hombres con habilidad, jamás se ofrecen a quien no las solicita. En los banquetes cuidan de no emborracharse y de atracarse de comida indecentemente. No hablan más de lo preciso, jamás se burlan de nadie y solamente miran a aquel que paga. Procuran agradar a su amante y conquistarlo.

Eran independientes, tanto en lo económico como en lo social, administraban su dinero y sus propiedades aunque necesitaban un buen protector. En cambio, las mujeres griegas eran desposadas en la pubertad y desde ese momento quedaban recluidas en el hogar para atender la casa y al marido y ofrecerle descendencia.

Mientras que las mujeres utilizaban trajes de lana y lino para esconder su cuerpo ellas utilizaban vestidos de gasa semitransparentes, utilizaban a menudo el color azrafranado, y se maquillaban con polvos blancos, signo de no tener que trabajar. Sus peinados eran complicados y llenos de postizos.

Las fuentes históricas son los vasos pintados en los que se ha representado escenas de symposiom o banquete. Ni las esposas ni las hijas asistían a los banquetes. Acudían las hetairas porque se creía que el placer y la conversación que daban era muy superior al de las esposas.

Las hetairas tenían acceso a la cultura de la época y podían distraer con su música, su baile y su recitación. Fue tal el grado de formación de las hetairas que muchos autores hablan de hetairas unidas al mundo de la política y de la cultura.

Aspasia fue la más famosa. Amante de Pericles consiguió introducirse en los más altos círculos políticos e intelectuales de Atenas, se convirtió en la “primera dama” ateniense y demostró ser sabia y astuta. Sócrates quedó deslumbrado por su habilidad retórica e incluso algunos autores le han atribuido el Discurso fúnebre de Pericles. Pericles llegó a violar una ley que él mismo había promulgado para reconocer como ateniense al hijo que había tenido con Aspasia, e incluso lloró para defenderla de impiedad en lo que al parecer también era un ataque político. Se convirtió en el blanco de duras críticas hasta que a la muerte de Pericles se casó con un carnicero llamado Lisicles.

Mujeres transgresoras, las hetairas superaron las barreras que su oficio les imponía y consiguieron deshacerse del yugo social y cultural al que estaban sometidas la mayoría de mujeres de la época.

Fuente: el artículo “Hetairas: las cortesanas de la antigua Grecia” de Marta Fabregat,  historiadora