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Samia Gamal

enero 4, 2009

Se llamaba Zaynab Ibrahim Mahfud y nació en 1924 en el pequeño pueblo egipcio de  Wana.  Badia Masabni una libanesa cazatalentos le puso el nombre artístico de Samia Gamal. Samia quien trajo la danza oriental a América y a Europa.

Cuando Samia intentó su primer solo en el Casino Ópera olvidó la coreografía y fue abucheada por el público pero el coreógrafo la obligó a volver a salir, Samia comenzó a improvisar y y gustó. Badía la contrató como solista una vez por semana, era el principio de su carrera.

Se enamoró de un músico de laúd, Farid el Atrash, que compuso piezas  para ella. Pero el matrimonio duró poco y se marchó de Egipto. En América trabajó con Fernandel en Alí Baba y los 40 ladrones y con Robert Taylor en El valle de los Reyes. Su segundo matrimonio fue con un  influyente norteamericano,  que por ella se convirtió a la fe islámica , pero las cosas no iban bien y tras divorciarse volvió a El Cairo para seguir  trabajando con Farid.

En 1958 se casó con el actor egipcio Rushdi Abaza y de la relación nació su hija Quismet. Tampoco este matrimonio fue definitivo, después de 17 años de matrimonio se divorció al tiempo que  se retiraba de la escena a pesar de las múltiples ofertas que le llegaban  de Europa y de América para enseñar danza.  Su  brillo reside en la originalidad de su baile, sus giros y variados movimientos con los brazos y la danza con velo, que hasta entonces no se había usado, inspiraron a las siguientes generaciones de bailarinas. Murió el 1 de diciembre de 1994 en El Cairo.

El tutu “soplo de polvo” de Karinska

octubre 1, 2008

Karinska era una modista rusa. En sus creaciones utilizaba telas y apliques pintados de chifón de seda, eran tan sofisticadas y únicas que llego a ser considerada una artista. Abrió una escuela  de bordado que prosperó y le permitió regentar una tienda de sombreros y de vestidos antiguos.
Una nueva compañía de ballet clásico de París le pidió que hiciera los trajes para su primer estreno, dándole, el coreógrafo Balanchine, una primera idea de cuales eran sus deseos.  Karinska modificó la idea, eligió telas y texturas dando un aire distinto a la idea inicial.

El tutu utilizado normalmente era el de crepe largo, se movía y flotaba con la danza pero no permitía ver las piernas y el esfuerzo que hacían las bailarinas. El nuevo traje de Karinska era corto por primera vez, tenía seis o siete capas cada una media pulgada más larga que la precedente y con una alineación inexacta.  Gracias a la impresión de ligereza que producía se le llamó “soplo de polvo”.