Travestismo femenino y matrimonios bostonianos

En el siglo XIX las relaciones románticas entre mujeres fueron públicamente reconocidas entre ellas. Algunas mujeres se cortaban el pelo y vestían ropas de hombre con la esperanza de lograr la misma libertad e independencia que gozaban los hombres. Crearse una identidad masculina iba a permitir que accedieran a trabajos más cualificados o en cualquier caso  tener mayores oportunidades con unos salarios más altos y una vida de aventuras que de otro modo  no hubiera estado a su alcance. Pero es que además llegaron a correrse juergas con prostitutas y a casarse con mujeres.

Había mujeres que se travestían solamente en ocasiones especiales, no aspiraban a pasar totalmente por hombre, un buen ejemplo es la escritora George Sand que lo hacía con el propósito de liberarse de las limitaciones del sexo femenino.

El travestismo implicaba la complicidad de otros, algunos sacerdotes aceptaban casar parejas de mujeres. Compañeros de trabajo, la familia iban a guardar el secreto y algunas ingenuas pensaban que sus amigas se habían transformado en hombre. La comunidad lo aprobó de forma provisional, con el tiempo empezaron a culpabilizar al miembro masculinizado, la ley prohibió el travestismo, que se consideró una conducta desordenada y una violación de los principios masculinos. Apareció de forma peorativa el apelativo de “georsandismo” para caricaturizar a las mujeres de comportamiento transgresor que osaban ponerse pantalones, las feministas de la época lo utilizaron como símbolo de rebeldía aunque ellas no vistieran pantalones.

Entre las clases medias victorianas muchas mujeres mantenían relaciones homosexuales. Surgían como una relación romántica en la escuela debido a la fuerte segregación de sexos de la época y en ocasiones duraban toda la vida. Culturalmente se permitía expresar amor emocional y físico que se consideraba distinto a las relaciones sexuales que se mantenía en las relaciones heterosexuales. Se expresaba mediante epístolas  que eran consideradas una expresión poética o literaria, pero que para las mujeres expresaba un amor real.

Sin embargo, a finales de siglo XIX  las nuevas profesiones, el acceso de la mujer a la universidad y la la disponibilidad de pisos y residencias para damas en Gran Bretaña y Estados Unidos hizo que muchas mujeres decidieran quedarse solteras, por ejemplo según un informe de 1909 solamente se casaron el 22% de las 3000 mujeres que ingresaron en la Universidad de Cambridge.

Los matrimonios bostonianos o femeninos eran públicamente conocidos y aceptados entre la clase alta aunque no lo eran entre la clase obrera. Las mujeres vivían juntas, celebraban reuniones familiares, compartían propiedades y dormían en la misma cama. No fue hasta la década de los 80 que médicos y teóricos comenzaron a desvalorizar a las trasvestidas y los amores románticos y las catalogaron como invertidas sexuales o lesbianas.

Fuente: Historia de las mujeres El siglo XIX  de Georges Duby y Michelle Perrot

Etiquetas: , ,

Una respuesta to “Travestismo femenino y matrimonios bostonianos”

  1. Laura Says:

    Son unas historias muy interesantes las que cuentas. Muchas gracias pr compartirlas. Laura

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: