Posts etiquetados ‘grandes poetas’

Lucía Sánchez Saornil

septiembre 26, 2010

Poeta ultraísta que publicó sus primeros poemas en la revista Los Quijotes, en la que firmaba con el seudónimo Luciano de San-Saor. A partir de entonces publicó en las revistas más importantes de la época como Cervantes o Tablero, entre otras. Fue una activista anarquista de la CNT que al terminar la guerra civil fuel exiliada a Francia, a su regreso su poesía tomo un rumbo menos comprometido.

Nocturno de cristal

Los cisnes

cobijan la luna bajo sus alas.

¿Quién ha sembrado el fondo negro

de anzuelos de oro?

Las hojas de los árboles

sobre el estanque sueñan

con un viaje a ultramar.

Me ha tentado el suicidio

y al mirarme en el espejo

me ha espantado mi doble

ahogándose en el fondo

Emily Dickinson

mayo 28, 2009

Emily_DickinsonPoeta norteamericana nacida en 1830 en Massachusetts, en el seno de una familia que se dedicó a la política y al mundo intelectual. La educaron en un ambiente tan puritanista y estricto que la convirtió en una persona solitaria y nostálgica  en exceso de tal modo que no hacía vida social, rara vez salía de casa y sus amistades fueron escasas; sin embargo, tuvo un especial aprecio por el Reverendo Charles Wadsworth, que tuvo una gran influencia en su poesía. Leía a poetas como Robert y Elizabeth Barrett Browning, y a John Keats.

Murió en 1886 y en 1890 se editó su numerosa colección de poemas.  Pero ella nunca lo supo.

Poema

Corazón, le olvidaremos
en esta noche tú y yo.
Tú, el calor que te prestaba.
Yo, la luz que a mí me dio.

Cuando le hayas olvidado
dímelo, que he de borrar
aprisa mis pensamientos.
Y apresura tu labor
no sea que en tu tardanza
vuelva a recordarle yo.

Concha Méndez

abril 15, 2009

concha-mendez

Quisiera tener varias sonrisas de recambio

y un vasto repertorio de modos de expresarme.

O bien con la palabra, o bien con la manera,

buscar el hábil gesto que pudiera escudarme…

Y al igual que en el gesto buscar en la mentira

diferentes disfraces, bien vestir el engaño;

y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,

con sutil maniobra, la caricia del daño.

Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,

los que pueblan el mundo y se llaman humanos:

siempre el beso en el labio, ocultando los hechos

y al final… el lavarse tan tranquilo las manos.

La libertina Wallâda al-Mustakfì

marzo 3, 2009

mujeres_al_andalus_gWallâda al-Mustakfì (994-1091) fue una poetisa árabe nacida en la Córdoba de Al-Andalus, hija de uno de los últimos califas cordobeses, de Muhammad III,  y de una esclava cristiana de Etiopía. Ostentó el título de princesa.

Su adolescencia sucedía al mismo tiempo que  el califato inciciaba su agonía entre intrigas palaciegas y guerras internas. El padre de Wallada había accedido al trono en 1024 tras una revuelta contra Abderramán V, 17 meses después al-Mustakfì abandonaba el palacio disfrazado de mujer y poco tiempo después moría envenenado.

Wallada no tuvo hermanos varones y eso le permitió disponer de los derechos reales de su padre, que vendió tras su muerte. Se convirtió en una mujer  independiente y se despreocupó de forma absoluta por los convencionalismos sociales. Prescindió de la tutela masculina y abrió un salón literario al que acudían los poetas y escritores de la época. Intervenía y daba respuesta a sus consultas mostrando libremente su rostro.

Fue duramente criticada porque a las mujeres solamente les estaba permitido relacionarse con hombres de su propia familia, y las mujeres llamadas “sabias”, las instruían sus padres o parientes, incluso a través de una cortina velada. Solamente el visir Ibn Abdus, su eterno enamorado, la defendió y permaneció a su lado hasta el final de sus días.

Pero el gran amor de Wallada fue el poeta Zaydún, con el que mantuvo una relación secreta y que finalizó por la relación que éste ínició con la esclava negra de Wallada. Ocho de los nueve poemas que se conservan hacen referencia a esta relación. Wallada nunca se ofreció en matrimonio y jamás tuvo descendencia.

Murió el 26 de marzo de 1091, el día que los almorávides entraron en Córdoba.

Espera la hora en que las sombras de la noche sean oscuras, mi visita,

pues para mí la noche es el mejor medio de guardar el secreto.

¡Me has hecho sentir una cosa tal,

que si hubiera sentido el sol, no me parecería mas!

si lo hubiera sentido la luna, esta no se elevaría;

si la estrella, no viajará ninguna noche.

Ndèye Coumba

diciembre 14, 2008

aminata_sow_fall_senegal1

Poeta senegalesa que escribió “Filles du soleil” (Hijas del sol), un homenaje a las mujeres en el que muestra su preocupación por la suerte de las mujeres del Senegal y de toda África. Murió en septiembre del 2001.

Mi corazón es ardiente, como abrasador mi sol.

Grande también mi corazón, como África mi gran corazón.

Habitada de un gran corazón, más no puedo amar…

Amar a la tierra, amar a sus hijos.

Ser mujer, más no poder crear;

Crear, no sólo procrear.

Y, mujer africana, luchar.

Todavía luchar, para erguirse antes.

Luchar para borrar la huella de la bota que aplasta.

Señor!…luchar

Contra las prohibiciones, prejuicios, su peso.

Y, sin embargo!…

Seguir siendo Mujer africana, pero ganar la otra.

Crear, no sólo procrear.

Asumir su destino en el destino del mundo

Poema de Alfonsina Storni

noviembre 9, 2008

arregfoto3Alma Desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,

alma desnuda que angustiada y sola

va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,

que puede ser un lirio, una violeta,

un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta

y ruge cuando está sobre los mares

y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares

dioses que no se bajan a cegarla;

alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla

con sólo un corazón que se partiera

para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera

dice al invierno que demora: vuelve,

caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve

en tristezas, clamando por las rosas

con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas

a campo abierto, sin fijar distancia,

y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia,

de un suspiro, de un verso en que se ruega,

sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega

y negando lo bueno el bien propicia

porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia

palpar las almas, despreciar la huella,

y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,

como los vientos vaga, corre y gira;

alma que sangra y sin cesar delira

por ser el buque en marcha de la estrella.


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